Etimológicamente

El término diabetes proviene del griego antiguo diabētēs (διαβήτης), que significa literalmente “lo que pasa a través” o “sifón”. En su origen, esta palabra se utilizaba para describir cualquier mecanismo por el que fluye un líquido, y fue adoptada en la medicina clásica para referirse a una afección caracterizada por la eliminación excesiva de orina, como si el cuerpo dejara pasar los líquidos sin retenerlos.

Con el tiempo, el concepto fue evolucionando y el término comenzó a emplearse para describir enfermedades asociadas a una micción frecuente y abundante. Más adelante, se añadió el calificativo latino mellitus (del griego melli (μέλι) = miel), que significa “dulce como la miel”, para identificar aquellos casos en los que la orina presentaba un sabor dulce debido a la presencia de glucosa, rasgo característico de la diabetes que hoy conocemos. Por contraste, se denominó diabetes insípida a la forma en la que la orina carece de sabor, al estar relacionada con alteraciones hormonales y no con el metabolismo de la glucosa.

Así, la denominación actual de la enfermedad refleja tanto su manifestación clínica histórica como una de sus características bioquímicas distintivas.

Según la RAE

f. Med. Enfermedad metabólica producida por una secreción deficiente de insulina, lo que produce un exceso de glucosa en la sangre.

Nutricionalmente

La diabetes mellitus constituye un grupo de enfermedades que se caracteriza por la existencia de concentraciones elevadas de glucosa en la sangre durante períodos prolongados de tiempo, incluso en estado de ayunas. Esta alta concentración de glucosa sanguínea (o hiperglucemia) es consecuencia de defectos en la secreción de insulina, en la acción de la insulina o en ambas. En el caso de los individuos diabéticos la insulina no se produce adecuadamente y/o se encuentra con una resistencia a su acción en mayor o menor grado, siendo esta la razón por la que los pacientes desarrollan hiperglucemia.

La diabetes mellitus es causa de importantes incrementos de la morbilidad y la mortalidad, que pueden ser reducidos mediante un diagnóstico y tratamiento precoz.

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